viernes, 26 de junio de 2015

El estadio Gabino Sosa, segunda parte

Cambio de orientación de los arcos.
Foto 1
Tras lograr en 1957 el ascenso a la máxima categoría del fútbol argentino, las autoridades de la A. F. A. le exigieron al club Central Córdoba la ampliación de la capacidad de su viejo reducto de Virsasoro y Juan Manuel de Rosas, para que pueda ser utilizarlo en los partidos de la primera división. En el campeonato de 1958 el equipo de Tablada tuvo que efectuar sus compromisos de local en el estadio de Newell’s Old Boys, ya que su field no reunía las condiciones que pretendía la entidad madre del fútbol argentino. En diciembre de 1958 los dirigentes charrúas decidieron que tenían que jugar en su propia cancha para el torneo de 1959, por tal razón aprobaron la realización de las reformas, que comenzaron de inmediato. En el corto lapso de tres meses se construyeron dos nuevas tribunas en los costados norte y sur, se corrió la popular hacia el este, para cambiar la orientación de la cancha, ya que era la única forma de lograr las dimensiones exigidas por la A. F. A. Finalmente el campo de juego pasó de estar orientado de norte a sur a situarse de este a oeste, tal cual se lo puede observar en la actualidad. 
Merecido reconocimiento. El estadio es bautizado como Gabino Sosa.
En la cena en la cual el club celebro su 63° aniversario, realizada el 7 de noviembre del año 1969 se decidió homenajear a Gabino Sosa,  un baluarte del fútbol rosarino, que brilló en el conjunto de Tablada, en la selección rosarina y también nacional, por tal motivo el estadio de Central Córdoba fue bautizado desde esa noche con su nombre.

Un nutrido número de personas se aglomera en la puerta del estadio Gabino Sosa, para presenciar un partido en 1974.
Foto revista El Gráfico.

Foto1: Acto de inauguración del estadio, tras la reorientación de los arcos. 

sábado, 13 de junio de 2015

Cuatro jugadores de Rosario en el primer Campeonato Sudamericano de fútbol

Formación de la selección Argentina el día que goleó a Chile por 6 a 1. Parados de izquierda a derecha: Armando Reyes, Francisco Olazar, Juan Brown, Carlos Guidi, Gerónimo Badaracco y Pedro Martínez. Agachados: Juan Perinetti, Carlos Wilson, Alberto Marcovecchio, Alberto Ohaco y Adolfo Heissinger. 
Entre el 2 y 17 de julio de 1916, con motivo de cumplirse el centenario de la independencia de la República Argentina (9 de julio), se organizó en Buenos Aires un torneo de fútbol de carácter internacional, del cual formaron parte las selecciones del país anfitrión, Uruguay, Brasil y Chile.  El certamen fue considerado la primera edición del Campeonato Sudamericano de Selecciones, organizado por la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), que se fundó con la competición en marcha, el 9 de julio de dicho año. Cabe destacar que la Copa América fue puesta en juego recién en la segunda edición, efectuada en Montevideo en 1917.
Cuatro jugadores de equipos pertenecientes a la Liga Rosarina formaron parte del combinado argentino, que disputó aquel torneo. Ellos fueron Zenón Díaz, los hermanos Ennis y Harry Hayes, de Rosario Central y Carlos Guidi, de Tiro Federal.
El domingo 2 de julio Uruguay goleó a Chile por 4 a 0, en el encuentro inaugural, jugado en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ante tres mil espectadores.
Cuatro días más tarde, el jueves 6, en el mismo escenario debutó la selección Argentina, que despachó a su similar chileno por el categórico marcador de 6 a 1. El jugador tirolense Carlos Guidi integró el quinteto ofensivo del conjunto albiceleste esa tarde, que congregó a 18.000 personas. Luego dos días después Chile culminó su participación en el campeonato, tras igualar 1 a 1 frente a Brasil, cosechando así su único punto.
Quedaban por disputarse los compromisos entre Argentina, Uruguay (que tenían 2 puntos) y Brasil, que sumaba una unidad.
El lunes 10 de julio, un día después de la celebración por el centenario de la independencia Argentina, el elenco local sólo pudo igualar frente a los brasileños por 1 a 1. Nuevamente Guidi formó parte del equipo argentino, que comenzó ganando con un tanto señalado por José Laguna a los 10’, pero le empataron el cotejo a los 23’, con un gol marcado por Alencar.
Posteriormente el martes 12 la selección charrúa batió a Brasil por 2 a 1, triunfo que lo colocó puntero con cuatro puntos, uno más que el anfitrión, con quien debía medirse en el último partido del torneo.
El domingo 16, Argentina y Uruguay jugarían el cotejo decisivo en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ubicada en Palermo. El elenco local necesitaba un triunfo para quedarse con el título, mientras que a la selección celeste, le alcanzaba con un empate para coronarse. Tal eran las expectativas para el encuentro, que desde temprano el público argentino comenzó a llegar a las adyacencias del estadio, para conseguir entradas, que se sobrevendieron, causando muy serios disturbios. La capacidad del estadio de 20.000 personas se vio desbordada al comenzar el cotejo, ya que las gradas estaban repletas de gente, incluso había espectadores dentro del perímetro del campo de juego. Dadas las condiciones se decidió suspender el partido. El enardecido público no contento con lo ocurrido prendió fuego las redes de los arcos, que fueron desmontados. Además el fuego llegó a las tribunas, tanto la oficial, como las populares.  El partido fue reprogramado para el día siguiente, en un nuevo reducto.  Finalmente argentinos y uruguayos se midieron en la cancha de Racing Club, que fue la elegida para la ocasión. Esa tarde los jugadores canallas Zenón Díaz, Ennis y Harry Hayes fueron titulares del once albiceleste, que no logró vencer a su oponente. El empate sin goles, favoreció a Uruguay, que se consagró campeón.
El plantel argentino estuvo integrado por los siguientes futbolistas; Arqueros: Carlos Isola (River Plate), Juan José Rithner (Porteño) y Carlos Tomás Wilson (San Isidro); Defensores: Juan Brown (Quilmes), Arturo Chiappe (River Plate), Zenón Díaz (Rosario Central) y Armando Reyes (Racing Club); Mediocampistas: Gerónimo Badaracco (San Isidro), Cándido García (River Plate), Pedro Martínez (Huracán), Ricardo Naón (Gimnasia LP) y Francisco Olazar (Racing Club); Delanteros: Claudio Bincaz (San Isidro), Juan Cabano (Argentino de Quilmes), Carlos Guidi (Tiro Federal), Ennis Hayes (Rosario Central), Harry Hayes (Rosario Central), Adolfo Heissinger (Tigre), Juan Hospital (Racing Club), José Laguna (Huracán),  Alberto Marcovecchio (Racing Club), Alberto Ohaco (Racing Club) y Juan Nelusco Perinetti (Racing Club).  

Resultados
02/07/1916 Uruguay 4 (44’ y 75’ José Piendibene; 55’ y 70’ Isabelino Gradín) – Chile 0
06/07/1916 Argentina 6 (2’ y 75’ Ohaco; 60’ y 62’ Brown-ambos de penal-; 67’ y 88’ Marcovecchio) – Chile 1 (44’ Telésforo Báez)
08/07/1916 Chile 1 (84’ Hernando Salazar) – Brasil 1 (40’ Demósthenes)
10/07/1916 Argentina 1 (10’ J. Laguna) – Brasil 1 (23’ Alencar)
12/07/1916 Uruguay 2 (58’ I. Gradín y 77’ José Tognola) – Brasil 1 (8’ Arthur Friedenreich)
17/07/1916 Argentina 0 – Uruguay 0
Nota: Todos los partidos se disputaron en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Bs. As., salvo el último cotejo, que luego de ser suspendido se jugó en el estadio de Racing Club.

Posiciones Campeonato Sudamericano de Selecciones 1916
1º Uruguay 5
2º Argentina 4
3º Brasil 2
4º Chile 1

martes, 9 de junio de 2015

La cancha de Argentino en barrio Industrial

Inédita foto del año 1937 de la cancha de Argentino en barrio Industrial .
En el año 1924 el club Nacional (denominación que adquirió en 1915 y cambió en 1935 por su actual nombre de Argentino) se trasladó entre las calles Gorriti e Iguazú, en pleno barrio Industrial. En un principio la cancha poseía una modesta casilla de madera, un alambrado, donde se colocaban lonas para evitar que se vean los partidos desde afuera y unos pocos tablones, que se asemejaban a una tribuna. Luego el reducto contaba con una humilde tribuna construida en uno de sus laterales, más tarde se amplió la capacidad del estadio y se levantó una grada de tablones de madera en el lateral opuesto a la tribuna que ya se encontraba. Asimismo es importante remarcar que por algunos años fue vecino del club Tiro Federal, que tuvo su cancha en el terreno lindero a la del salaíto.

Allí permaneció hasta el año 1943, cuando el club decidió inscribirse en la Asociación del Fútbol Argentino, como ya lo habían hecho Newell’s, Rosario Central y Central Córdoba. Pero la afiliación no le fue aceptada, puesto que el estadio con que contaba no reunía las condiciones adecuadas que requería la A.F.A. Por tal motivo era necesario efectuar nuevas remodelaciones en su vieja cancha de barrio Industrial. La comisión directiva quiso comprar un lote lindero donde se encontraba una casa para poder construir otra tribuna. El dueño del inmueble, que cuentan era el lechero del barrio, se negó a vender su vivienda, por lo tanto el salaíto tuvo que buscar otro lugar para erigir su estadio. 
Finalmente al año siguiente inauguró su estadio de barrio Sarmiento, donde sigue emplazado en la actualidad. En su nuevo reducto debutó en la segunda categoría del fútbol argentino frente a All Boys, con quien empató 2 a 2. 

El estadio del salaíto de Gorriti e Iguazú hacia principios de la década del ’40. Nótese las ampliaciones con respecto a la imagen de 1937. 

viernes, 29 de mayo de 2015

Copa Centenario de la Revolución de Mayo

Jugadores de la selección Argentina, que disputaron la copa Centenario Revolución de Mayo en 1910. Entre ellos podemos ver a Harry Hayes, cruzado de brazos en el centro de la imagen, luciendo unos bigotes y a José Viale, el último de izquierda a derecha. 
Entre los días 29 de mayo y 12 de junio de 1910 se disputó la copa Centenario Revolución de Mayo, con motivo de la celebración de los cien años de dicha gesta patria en la República Argentina. Del torneo amistoso de carácter internacional, participaron las selecciones de Argentina, Chile y Uruguay.
En el equipo de la selección Argentina que disputó el evento se destacaron tres jugadores de la Liga Rosarina de Football. Ellos fueron Manuel Paulino González y José Viale de Newell’s Old Boys y Harry Hayes de Rosario Central. Una clara demostración de la importancia del fútbol en la ciudad de Rosario, que ya por aquellos lejanos años le aportó talento al combinado nacional.
Dos días antes del inicio del triangular, el viernes 27 de mayo, midieron fuerzas los combinados de Argentina y Chile, en la cancha de Belgrano Athletic Club en Buenos Aires.
El elenco albiceleste se impuso por 3 a 1, con goles de Pinoto Viale, Maximiliano Susán y Harry Hayes. En tanto que Simmons, anotó para el cuadro trasandino.
Cabe remarcar que ese fue el primer enfrentamiento internacional del seleccionado de Chile. Asimismo ese día hicieron su debut con la camiseta albiceleste Harry Hayes y Manuel Paulino Lito González, mientras que también fue de la partida Armando Ginocchio (Newell’s) -le atajaron un penal-, quien posteriormente no jugó los dos encuentros de la copa.  
Luego el domingo 29 de mayo comenzó el certamen. En el primer encuentro Uruguay batió a su similar chileno por 3 a 0, con goles de Piendibene (5’), Brachi (75’) y Buck (85’). El cotejó se efectuó en la cancha de Colegiales, donde asistieron seis mil personas.
Una semana después, es decir el domingo 5 de junio hizo su debut el conjunto  anfitrión, que doblegó con holgura a Chile, tras imponerse por 5 a 1, en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, sita en el barrio porteño de Palermo. Esa tarde se lucieron los delanteros de los clubes rosarinos, José Viale, que abrió el marcador a los 16’ y Harry Hayes, que señaló a los 26’ y 40’. Los restantes goles fueron anotados por Weiss a los 66’, Susán a los 82’ (ambos argentinos) y Campbell a los 49’ (Chile).
Argentinos y uruguayos llegaron al último partido con dos puntos cada uno, por lo que el choque entre ambos definiría el título. El domingo 12 de junio en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ante ocho mil espectadores, Argentina goleó a Uruguay por 4 a 1. A los 16’ José Viale señaló la primera conquista del cotejo, luego Harry Hayes estrió la ventaja del local a dos minutos de finalizar el primer período. A los 5’ de iniciado el complemento Watson Hutton convirtió el tercero. Ocho minutos después José Piendibene descontó para el seleccionado charrúa y finalmente Susán anotó el tanto final a los 64’. Con ese magnificó triunfo la selección albiceleste se quedó con la copa Centenario de la Revolución de Mayo.  Es preciso destacar la notable actuación que tuvieron en el torneo los futbolistas de los equipos de Rosario, ya que José Viale señaló dos goles y Harry Hayes tres, siendo el goleador del triangular.
Ese pequeño torneo amistoso, fue el primero de carácter internacional jugado por selecciones en Sudamérica y además fue el puntapié inicial para que seis años después se llevara a cabo el primer campeonato sudamericano, organizado por la Conmebol.

martes, 26 de mayo de 2015

Inauguración de la tribuna de la visera de la cancha de Newell's


Espectacular imagen de la tribuna de la visera hacia la década de 1930. 
Tras desmantelarse la antigua estructura de madera, que ofició como tribuna oficial en la cancha de Newell's (luego de ser desarmada fue vendida al Club Atlético Provincial que la instaló en su campo de juego) se empezó a construir en su lugar la tribuna de la visera. Dicha grada fue la primera de cemento que tuvo el club. Fue proyectada y edificada por la prestigiosa firma rosarina Ferrarese Hnos. y Cia.

El primer partido que se disputó con la nueva tribuna techada fue el que llevaron a cabo los seleccionados de Rosario y Buenos Aires, el jueves 9 de mayo. Dicho cotejo se organizó con el objetivo de recaudar fondos para la construcción de un local propio para la Liga Rosarina de Football. Cabe remarcar que el combinado rosarino se impuso por 2 a 0, con goles de Scaroni y Barreiro. Posteriormente el domingo 12 de mayo, Newell’s Old Boys jugó en su estadio ante Sparta, a quien venció por 3 a 1, con tantos de Azurmendi (2) y Murúa, mientras que Borio anotó para el elenco derrotado.
Dirigentes y allegados de la institución del parque posando junto a las escalares de la tribuna de la visera, el día de su inauguración. Ese histórico lugar aún se conserva. 
Foto 2
De todas formas la inauguración oficial se efectuó el 26 de mayo de 1929. Con motivo de la celebración se preparó ese día una gran fiesta, donde hubo un desfile, encabezado por la banda musical del cuerpo de bomberos. Además estuvieron presentes representantes de los distintos clubes que participaban en la Liga Rosarina. Luego se preparó un encuentro de fútbol entre el anfitrión y Boca Juniors, invitado para el evento especial. Bajo el arbitraje de Juan Rota, los elencos formaron de la siguiente manera. El cuadro rojinegro lo hizo con: José Serena; Fermín Lecea y  Natalio Molinari; Alfredo Chabrolín, Cataldo Spitale y Julián Sosa; Rogelio Paz Murúa, Valentín Ercole, Walter Haumuller, Manuel Azurmendi y Agustín Peruch. Mientras que los xeneizes alistaron a: Merello; Muttis y Estrada; Médice, Fleitas Solich y Moreiras; Penella, Kuko, Tarasconi, Cherro y J. Evaristo. El puntapié inicial estuvo a cargo de la señorita Margarita Semino.
Rápidamente el trámite del encuentro se tornó netamente favorable al conjunto boquense, que abrió el marcador mediante un cabezazo de Kuko, algunos minutos después Penella amplió la ventaja. En la segunda parte Tarascone con un soberbio remate estableció el 3 a 0 final. A pesar de la dura derrota del local, no se vio opacada la celebración de la inauguración de la nueva tribuna, que aún en nuestros días se puede contemplar, ya que mantiene la fachada original. Es la platea oficial, que fue testigo de innumerables jornadas futbolísticas rojinegras, que vio a grandes jugadores comenzar su carrera, también presenció alegrías y tristezas, y que el 22 de diciembre de 2009 (80 años y casi 7 meses después) se la bautizó con el nombre de Gerardo Martino, jugador con más presencias con la camiseta de Ñuls en torneos de A.F.A.
La tribuna Gerardo Daniel Martino, forma parte del patrimonio histórico de la ciudad.


Foto 2: Corresponde al día de la inauguración oficial de la tribuna de la visera, el 26 de mayo de 1929. Jugadores de Newell’s y Boca Juniors posando distendidos en el campo de juego. Allí podemos ver entre otros a Máximo Fernández, Julián Sosa y Fermín Lecea. 

viernes, 15 de mayo de 2015

La cancha del cruce

La tribuna oficial de la cancha del cruce.
El primer campo de juego que tuvo Central Argentine Railway Atheltic Club (desde 1903 Rosario Central) se situó entre los antiguos portones 3 y 4 del ferrocarril Central Argentino. Esos terrenos, que quedaban ubicados en inmediaciones del paso de Las Cadenas (hoy pasaje Celedonio Escalada), eran propiedad del ferrocarril y por intermedio de los señores W. Lucas y T. Russel el club pudo instalar su cancha de críquet, donde luego se practicó también fútbol. Posteriormente en 1896 se mudó entre la avenida Alberdi y Jorge Harding, en unos terrenos que pertenecían al señor Oldendorff.
Luego llegamos al año 1902, cuando se instaló en la denominada Quinta Sanguinetti. De ese field nos ocuparemos en la presente nota, describiendo cada rincón de él, como si retrocediéramos imaginariamente en el tiempo y pudiéramos aunque sea por un instante dar un recorrido, para observar con detenimiento su fisonomía.
La denominada “cancha del cruce” se ubicó entre las calles Catamarca, Constitución y Castellanos. Se la conocía de esa manera, ya que se encontraba unas pocas cuadras al oeste del cruce Alberdi. Las adyacencias del campo de deportes contaban con pocas edificaciones, la que más sobresalía era una de dos pisos, llamada Villa Sanguinetti (tenía el apellido de sus propietarios), que se levantaba al sudoeste de la cancha, cercana a la calle Alsina y al extremo de una larga casa con cuartos (en el censo 1910 figura como conventillo), que como la Villa, miraba a la cancha.
Allí se podía acceder viajando en el tranvía de la línea 5, con recorrido final en el pueblo Alberdi (a partir de 1918 fue anexado a Rosario como barrio).
El predio tenía unos 15.000 m2, de los cuales alrededor de 5.000 pertenecían al ferrocarril y el resto a los sucesores de Bernardo Sanguinetti.
Los alrededores de la cancha estaban cubiertos casi en su totalidad por pastos altos, en tanto Wladimir Mikielevich afirmó en su nota ¡Aquella cancha del viejo “Talleres”! que al norte el reducto lindaba con varias vías, mientras que en el extremo este cerraba la calle Catarmarca a unos cien metros al oeste de Constitución. En tanto que en la parte sur sucedía lo mismo con Castellanos, que estaba cortada por la cancha cien metros al norte de Tucumán y la continuación de Catamarca seguía cerca de veinte metros antes de llegar hasta Alsina. Cabe destacar que por aquellos años no existía la actual calle Bordabehere, que fue abierta posteriormente al sur de los terrenos del F. C. C. A.  
Ya hemos llegado…ahora entremos por el portón que se situaba por Castellanos y demos una recorrida por dentro.
Al campo de juego, que estaba cercado por un alambrado, lo bordeaba un espacio libre, desde donde se podía mirar los partidos. Al sudeste se levantaba una casilla de madera, que hacía las veces de vestuario o incluso se utilizaba como depósito. Además contaba con una tribuna, que medía unos veinticinco metros y estaba pintada de verde. La grada tenía un cartel donde se podía leer “para socios solamente”. En la planta alta de la misma casi siempre concurrían damas de recatado comportamiento.
Cuenta Wladimir Mikielievich que los días en que se disputaban partidos importantes se colocaban por la parte interior del alambrado unas fajas confeccionadas con bolsas de arpilleras para impedir ver el encuentro a aquellos que no abonaban los cincuenta centavos que costaba la entrada. Sin embargo había quienes burlaban este impedimento, subiéndose a los techos de los vagones de carga, que permanecían casi siempre estacionados sobre las vías, que se encontraban muy cerca del sector norte del campo de juego. De todas formas esta intrépida manera de presenciar los cotejos tenía sus riesgos, debido a que en más de una ocasión, los hinchas debían saltar rápidamente y huir al escuchar la pitada de las locomotoras de maniobra, porque podía ponerse en movimiento la fila de vagones. Asimismo añadió que muchas veces sospechó, ante la reiteración en la misma tarde de los toques de silbato, que éstos eran efectuados por maquinistas contratados por las autoridades del club. También asustaban a los fanáticos los silbatos de los trenes que circulaban por las vías paralelas, vinculando Rosario con Cañada de Gómez, Pérez y Casilda.
Rosario Central permaneció en la cancha del cruce hasta 1918, cuando un buen día desarmaron el alambrado, la casilla y la tribuna. El nuevo reducto canalla o de “talleres” (como se lo apodaba por ese entonces) se trasladó en inmediaciones de la parada Castellanos, entre las calles Iriondo y Facundo de Zuviría (hoy Central Argentino), no tan lejos de la Quinta Sanguinetti, en un predio que también le pertenecía al ferrocarril.

sábado, 11 de abril de 2015

La cancha de Central Córdoba, símbolo de Tablada Primera Parte


Vista panorámica del estadio Gabino Sosa.
A diferencia de otros clubes, Central Córdoba siempre tuvo su cancha ubicada en una misma zona, por tal razón la entidad charrúa se identifica con Tablada, ya que su estadio forma parte de la fisonomía del barrio, donde se forjó y en el cual sigue emplazado, con una capacidad para recibir alrededor de 17.000 espectadores. 
El primer campo de juego con que contó se situó en las intersecciones de las calles Ocampo, Buenos Aires, bulevar Rosarino (actual bulevar 27 de Febrero) y 25 de diciembre (hoy Juan Manuel de Rosas), en los terrenos que ocupaban Pedro Alles y Juan Ventura. Cabe mencionar que en la esquina de dicho lugar se encontraba el antiguo café de Díaz. Poco tiempo después mudó su field muy cerca de allí (25 de Diciembre entre Viamonte y Ocampo) y finalmente en 1907 se instaló entre las calles Virasoro, Gálvez, 25 de Diciembre (hoy J. M. de Rosas) y 1° de Mayo, donde todavía se encuentra el estadio charrúa.

En los primeros años de existencia el club Ferrocarril Córdoba y Rosario (desde 1914 Central Córdoba) mantuvo una estrecha relación con la empresa de ferrocarril del mismo nombre (de donde provenían la mayoría de los integrantes del club), que le permitió utilizar el hall de la estación de trenes para la realización de asambleas y le cedió una oficina dentro de la misma para que sirva de secretaría del club. Asimismo le alquiló sin costo alguno el terreno donde se erigió la nueva cancha, que se ubicó al lado de la playa de maniobras y depósitos de carga de la estación.
En la fotografía se pueden apreciar los aserraderos Chiesa hermanos, la playa de maniobras del ferrocarril Córdoba y Rosario y la cancha del club del mismo nombre. 
Posteriormente las diferentes compañías que formaban la empresa de ferrocarril Córdoba y Rosario se fusionaron en una sola, cambiando su denominación a ferrocarril Central Córdoba. Asimismo se creó la Compañía Ferroviaria de Tierras, que era la encargada de administrar las propiedades del ferrocarril de firma británica. Debido a este hecho se puso en duda la cercana vinculación entre el club y el ferrocarril, pero pese a las preocupaciones de los dirigentes charrúas, los directivos del F. C. C. C. le permitieron seguir ocupando el predio donde tenía su cancha sin cobrarle peso alguno, hasta que en 1916 se llegó a un acuerdo con la nueva compañía, celebrándose un contrato de alquiler. Además ese año se colocó el alambrado alrededor del campo de juego y se levantó una casilla de madera, que contaba con un techo de paja y piso de tierra. Luego en 1920 se efectuó una reforma en la cancha, se derribó la antigua casilla y en su lugar se construyó un pabellón más amplio, que ofrecía una mayor comodidad. El mismo contaba con trece metros de largo, tres compartimientos, secretaría y anexos. También corrieron el terreno de juego trece metros al este.
A principios de la década de 1920 el club levantó en su campo de deportes las primeras tribunas, que fueron cuatro gradas de tablones de madera de sesenta centímetros de ancho colocadas en la parte este.
Aspecto de la tribuna popular de tablones de madera en 1935. 
En el mes de abril de 1931 la empresa constructora Chaina & Cía. construyó una tribuna con una estructura metálica, con tablones de madera, de cien metros de ancho, diez de largo y seis de altura, en dos tramos separados en su parte central por un espacio libre de casi cinco metros y medio de ancho y cinco de altura. La nueva grada reemplazó a las ya existentes en el sector este. Para la realización de la obra, que demandó solamente siete días, se utilizaron cuarenta toneladas de hierro.
 Cabe mencionar que la Compañía  Ferroviaria de Tierras le alquiló la cancha a Central Córdoba por muchos años, hasta que gracias a un mancomunado esfuerzo de dirigentes y socios charrúas en 1958 la institución sureña logró comprar los terrenos donde se erige su estadio.